![]() |
El sueño de la razón produce monstruos Serie Caprichos,43. |
En estos días y hasta el 2 de
octubre se puede ver, en el museo de la Universidad de Tres de Febrero (Sede
Caseros), una muy interesante y rica muestra. Bajo el título: El sueño de un genio (parafrasis del título de una obra que
pertenece a la serie Caprichos ), se
exponen más de 140 piezas de Francisco de Goya (Zaragoza-España, 1746-
Burdeos-Francia,1828). Las obras, provenientes del Museo Lázaro Galdeano de
Madrid, Museo Castagnino de Rosario y del MNBA, han sido reunidas a partir de una hipótesis de trabajo
del investigador Ángel Navarro.
Se trata de grabados en
aguafuerte y aguatinta y litografías[*].
Goya fue un pintor de corte –en tal sentido, restringido a la pintura de
retratos “oficiales”- . Sin embargo fue mucho más que eso. Demostró su talento en creaciones pictóricas de una intensidad
más que notable y también demostró su compromiso con la historia y con la realidad
de su tiempo. En los trabajos expuestos pone en evidencia su capacidad crítica,
su agudeza, su predisposición por la observación del entorno y la absorción y síntesis de las ideas que en
materia filosófica y artística circulaban en su tiempo. El corpus de la muestra
reúne, en una suerte de diálogo expresivo varias series: Caprichos, Desastres de la
guerra, Disparates, Tauromaquia y Toros de Burdeos.
Los desastres de la guerra
recrea acontecimientos registrados durante la invasión napoleónica, en
1808. Estas piezas representan, de algún modo, un alegato contra las crueldades de la guerra. La serie se
divide en tres partes que apuntan a los siguientes tópicos: los horrores y
excesos propios del belicismo, las consecuencias fatales del mismo: destrucción,
muerte y hambre, y las consecuencias
históricas: la postguerra y el gobierno absolutista de Fernando VII, observadas
con filoso sentido crítico, lindante con
la sátira.
Disparates: son visiones encuadradas en escenarios nocturnos que rozan
con la órbita de lo fantástico y la pesadilla. Se relaciona a esta serie con la
tradición del carnaval por la presencia de máscaras, cabezudos, y , en
general, figuras grotescas.
La Tauromaquia (1816) está centrada en una actividad difundida en
España y también en ciertas regiones de Hispanoamérica, y aclamada por gran
parte de la población: las corridas de toros. Las dos escuelas principales en
el siglo XVIII: la navarro aragonesa y la andaluza se ven reflejadas en
elocuentes imágenes. Esas brutales escenas de lidia suscitan, sin lugar a
dudas, la reprobación del pintor, que las retrata con punzante maestría.
Los toros de Burdeos: son cuatro litografías en las que enfatiza la
habilidad del torero, el bravío
movimiento del toro, las artimañas de los banderilleros; en general todo el
juego dramático de la corrida y las
diversas expresiones del público que la contempla.
Como puede apreciarse en esta
apretada síntesis, la muestra encierra una multiplicidad de visiones donde se
entrecruzan la vida y la muerte, la pasión y el vicio, la realidad y la
fantasía, la violencia y sus consecuencias.
La curaduría ha prestado especial
cuidado a la organización y marco
referencial de la exposición: reseñas informativas, videos, material impreso (folleto), y, en el momento en que yo la visité, un guía muy competente que dio a la
concurrencia una bastante completa clase de historia del arte.
Poco podría decirse de la obra plástica de un pintor tan reconocido y
valorado. En el caso de los grabados y litografías se aprecia el riguroso
dominio del trazo, la habilidad compositiva, el juego de luces y sombras que se
establece entre el referente y su referencia, la fuerza expresiva, el vínculo
profundo entre pensamiento, motivo y acción.
Pero, como siempre, la obra habla
por sí misma.
Vale la pena apreciarla personalmente y poder
con ello advertir que la perduración del arte emana de su contenido y de su forma, pero
también de la honda reflexión sobre los hombres y sus acciones que la grandeza
de un artista sabe sugerir.
[*] DATOS EXTRAÍDOS DEL FOLLETO:
Aguafuerte: Técnica de grabado. Una lámina de metal trabajada con
una punta metálica, protegida por una capa de barniz o resina se sumerge en una
solución de ácido. Este forma un surco que retiene la tinta que pasa a la
lámina cuando se imprime.
Aguatinta: Se cubre la plancha de metal con granos de resina o
material similar. Al calentar la plancha éstos se adhieren en forma de barniz
con agujeritos. Luego se entinta e imprime. Así se logran tonos planos o
texturas.
Litografía: Se dibuja sobre una piedra graneada con tinta o lápiz
graso. Las partes no dibujadas se pintan con goma arábiga. Al humedecer la
piedra, los dibujos con lápiz graso repelen la materia grasa. La tinta se
adhiere a la parte dibujada. Se imprime el dibujo de la piedra sobre una hoja
de papel utilizando una prensa.